XLVIII
Te colman alamares, vaticinan
sin más en ti su olor las flores
y yo de un trago apuro sus sabores,
el gracioso indulto que a mí destinan.
Cuando charlas dentro de ti se afinan
especias dulces, dos lilios cantores
y el desconsuelo puebla de rumores
las nubes tersas si tu ida imaginan.
Un perdigón o arveja, disparado
desde tus ojos, se me viene encima;
una noche tórrida me ha cegado,
como alquitrán o muerte se sublima,
mas el vidrio tibio que has llorado
es tesoro con que mi ser intima.
Te colman alamares, vaticinan
sin más en ti su olor las flores
y yo de un trago apuro sus sabores,
el gracioso indulto que a mí destinan.
Cuando charlas dentro de ti se afinan
especias dulces, dos lilios cantores
y el desconsuelo puebla de rumores
las nubes tersas si tu ida imaginan.
Un perdigón o arveja, disparado
desde tus ojos, se me viene encima;
una noche tórrida me ha cegado,
como alquitrán o muerte se sublima,
mas el vidrio tibio que has llorado
es tesoro con que mi ser intima.
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