XLV
Enarcado tu cuerpo y diligente,
tus manos son caricias o zarpazos
emponzoñando mi alma de retazos
que infestas con rugido delincuente.
Devora sin pensar, hazlo de frente;
enciéndete en pavesas y chispazos,
carbón que fue lentisco en los ribazos
y en los ojos es sombra indiferente.
No adviertes que es matarme este suceso
con muerte doblemente ilimitada
de la que luego me levanto ileso,
onza fugaz, perfecta y terminada,
me enredas en la trenza de tu beso
y levito en la noche cancelada.
Enarcado tu cuerpo y diligente,
tus manos son caricias o zarpazos
emponzoñando mi alma de retazos
que infestas con rugido delincuente.
Devora sin pensar, hazlo de frente;
enciéndete en pavesas y chispazos,
carbón que fue lentisco en los ribazos
y en los ojos es sombra indiferente.
No adviertes que es matarme este suceso
con muerte doblemente ilimitada
de la que luego me levanto ileso,
onza fugaz, perfecta y terminada,
me enredas en la trenza de tu beso
y levito en la noche cancelada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario