LIII
Vuelca tu mano un misterioso halo
a raudales que mi sentido horada;
no sé el momento, menos, no sé nada,
si será tu paso en mi alcor regalo,
mas sé que traza el cielo un intervalo,
como te supe ayer tan entregada,
de música torcida y reiterada,
vuelo de azor, si bueno, menos malo;
y entonces tu amor, vibrando, se interna
por las rendijas tiernas de mis ojos,
la indefensión sutil de su caverna,
y entonces en sedientos desalojos
mis huesos, todos poros, sin gobierna,
ya hacen de mi alma mil despojos.
Vuelca tu mano un misterioso halo
a raudales que mi sentido horada;
no sé el momento, menos, no sé nada,
si será tu paso en mi alcor regalo,
mas sé que traza el cielo un intervalo,
como te supe ayer tan entregada,
de música torcida y reiterada,
vuelo de azor, si bueno, menos malo;
y entonces tu amor, vibrando, se interna
por las rendijas tiernas de mis ojos,
la indefensión sutil de su caverna,
y entonces en sedientos desalojos
mis huesos, todos poros, sin gobierna,
ya hacen de mi alma mil despojos.
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